
Está posibilidad, que en mi opinión es conveniente, saludable y razonable, debería formar parte de nuestra cultura política y por coherencia aplicarse a todos los niveles huyendo de la contradicción que supondría que aquello que es bueno para unos no fuera bueno para otros.
Para garantizar que estas decisiones no sean de criterio personal, quizás fuera incluso más conveniente, que la limitación estuviera contemplada en la propia ley electoral, garantizando de esta manera la igualdad y evitando la arbitrariedad. Difícil tarea si en corto plazo, la sociedad no consigue instalar esta norma dentro del acerbo cultural de la política de este país.